El regreso a clases trae cambios de horarios, nuevas exigencias y menos tiempo en casa. Para niños dentro del Espectro Autista, esta etapa puede generar sobrecarga emocional, sensorial y conductual, no tan solo para ellos, sino que para las familias también. La buena noticia: con estructura, anticipación y mucha comprensión, es posible atravesar marzo sin que se transforme en un mes de crisis permanente.
1. La rutina no es rigidez: ES SEGURIDAD, ORDEN Y ANTICIPACIÓN:
Después de semanas con horarios más flexibles, el cuerpo y el cerebro necesitan volver a organizarse. A continuación, algunas prioridades básicas:
• Horario de sueño estable (aunque no sea perfecto al inicio).
• Horarios regulares de comida.
• Rutina de mañana siempre en el mismo orden.
• Rutina de tarde predecible (colación, descanso, juego, cena).
Consejo práctico: Usar apoyos visuales (dibujos, fotos o pictogramas) ayuda a disminuir discusiones y ansiedad, porque el niño observa lo que viene.
2. Bajar expectativas salva la salud mental familiar:
En marzo no todo puede salir perfecto. Y está bien. Es un mes para priorizar regulación antes que rendimiento.
– Si llega muy cansado, no es el mejor momento para exigir tareas.
– Si hay más irritabilidad, probablemente hay mayor esfuerzo interno.
– Si hay retrocesos en conductas, tranquilos, suelen ser transitorios.
No es flojera, no es manipulación. Es estrés por adaptación.
3. Regular antes de corregir:
Cuando un niño TEA se desregula, su cerebro está en modo supervivencia, no en modo aprendizaje. Antes de explicar, retar o enseñar, es clave ayudar a regular:
– Bajar estímulos (menos ruidos, menos preguntas).
– Dar espacio físico en caso de que lo necesite.
– Utilizar frases cortas y pausadas.
– Ofrecer un objeto regulador (pelota sensorial, manta, audífonos o algún objeto de apego).
– Una vez que se calma, recién ahí se conversa.
4. Las tardes necesitan pausas, no más exigencias:
Muchos niños llegan del colegio con sobrecarga sensorial y social acumulada. Aunque “solo hayan estado sentados”, su cerebro trabajó intensamente.
– Permitir tiempo de descanso sin demandas.
– Favorecer actividades reguladoras (balanceo, presión profunda, juego repetitivo, movimiento).
– Evitar sobrecargar la tarde con actividades extraprogramáticas durante las primeras semanas.
A veces, sobrevivir a marzo implica hacer menos, no más.
5. Anticipar reduce desregulaciones:
La ansiedad baja cuando el niño sabe qué va a pasar. Ayuda mucho:
• Avisar cambios con tiempo.
• Mostrar calendarios visuales.
• Decir cuánto falta para terminar una actividad.
• Recordar qué pasará al día siguiente.
6. El colegio es un aliado, no un enemigo:
Si las primeras semanas son difíciles, no significa que el niño “no pueda” o que ustedes estén fallando. Es importante tener en consideración las siguientes pautas:
– Informar cómo está durmiendo o comiendo.
– Avisar si hay más ansiedad o desregulaciones.
– Consultar qué estrategias funcionan en aula de clases.
– Mantener comunicación frecuente y respetuosa. Cuando familia y escuela se coordinan, el niño se siente más contenido.
7. Cuidarse ustedes también es parte del apoyo:
No se puede acompañar la regulación de un hijo cuando uno está completamente sobrepasado.
Algunas ideas realistas:
• Turnarse con otro adulto para tener pequeños descansos.
• Pedir ayuda sin culpa.
• Bajar autoexigencia en lo doméstico.
• Validar que este mes es emocionalmente intenso.
Es importante recordar que los padres no tienen que hacerlo perfecto, solo basta con hacerlo posible y sostenido. Marzo usualmente suele ser un mes caótico y estresante, sin embargo, no define el año escolar. Hay que considerar que las primeras semanas son de ajuste, de adaptación y aprendizaje para todos.
– Si hoy hubo menos llanto que ayer, es avance.
– Si logró entrar al colegio, aunque costó, es avance.
– Si ustedes como padres, pudieron mantener la calma una vez más, es un tremendo logro.