El mutismo selectivo (MS) es un trastorno caracterizado por un fracaso constante de hablar en situaciones específicas (p.ej., escuela o situaciones sociales) a pesar de hacerlo con normalidad en otras situaciones (p.ej., hogar). El MS es un cuadro clínico que causa un impacto significativo en el funcionamiento social y académico si no es tratado.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) lo ha clasificado como un trastorno de ansiedad, cambiando su nombre de mutismo electivo a selectivo, esto porque ya no se comprende como una acción voluntaria, sino más bien, a la incapacidad de hablar en situaciones específicas, es decir, no se trata de que el niño o niña quiera permanecer en silencio, pero sí de una reacción ansiosa que bloquea el acceso al lenguaje en contextos sociales que para él o ella pueden ser nuevos o más “exigentes”.
El MS también puede ser específico a personas (p.ej., el niño puede no hablar con algunas personas, pero sí puede hacerlo con otras). En una misma situación, la presencia de diferentes personas puede incrementar o disminuir considerablemente los síntomas. Por ejemplo, personas amables y divertidas, que hablan y mantienen la “conversación” independientemente de la participación del niño, son de gran ayuda. Los niños con MS a menudo encuentran más fácil hablar con otros niños que con adultos.
Generalmente, las primeras señales suelen aparecer cuando el niño o niña ingresa al jardín infantil o a los primeros años de escuela, siendo las señales tempranas más comunes:
• Responder con gestos en lugar de hablar.
• Asentir con la cabeza.
• Susurrar a un adulto cercano para que otro transmita el mensaje.
• Evitar responder preguntas frente a otras personas.
Cabe destacar, que no todos los niños y niñas con mutismo selectivo tienen la capacidad de utilizar la comunicación no verbal de manera efectiva, es decir, puede darse el caso donde no son capaces de reír, toser o expresar sus necesidades (ir al baño, hambre, sed o algún tipo de dolor) frente a otros.
¿Por qué ocurre?
Tal como se ha ido mencionando, se considera parte de un trastorno ansioso donde el niño o niña es incapaz de reaccionar por medio del habla en contextos que para ellos resultan estresantes o de mucha demanda, hay una especie de “interrupción” en la comunicación.
Existen diversas posturas que buscan dar una respuesta más detallada acerca de su posible origen, sin embargo, casi todas las fuentes coinciden en que tiene un origen multicausal, es decir, es el resultado de una serie de variables evolutivas propias del niño o niña (historia de aprendizaje, vulnerabilidad, déficits instrumentales relacionados con el lenguaje oral, entre otras) y variables ambientales asociadas al contexto familiar, escolar y social del mismo. Esto no quiere decir que siempre estén presentes, pero es algo que a nivel clínico suele ser frecuente.
¿Cómo se manifiesta el mutismo selectivo?
El mutismo selectivo puede manifestarse de maneras distintas dependiendo el contexto social donde se encuentra el niño o niña, por ejemplo, en el colegio o el hogar. El jardín, pero más específicamente, el colegio son los espacios donde con mayor frecuencia se detecta este cuadro. En el colegio vemos niños que no responden cuando el profesor les hace una pregunta directa, aunque sí puedan responder después a un compañero o adulto de confianza. Algunas señales frecuentes incluyen:
• Evitar responder preguntas frente al curso.
• Permanecer en silencio durante actividades grupales.
• Comunicarse solo con ciertos compañeros o adultos.
Cuando existe una presión por hablar, la respuesta emocional del niño/a se intensifica. Dicho de otro modo, cuando se les exige hablar, muchas veces se produce una respuesta de ansiedad intensa. Se congelan, bajan la mirada, se ponen tensos o incluso lloran.
Por otro lado, en el contexto del hogar, suelen ser muchos los casos donde logran comunicarse con normalidad si se encuentran en un entorno donde se sienten seguros y sin ninguna presión social por hablar. Por ello, generalmente:
• Hablan con normalidad con familiares cercanos.
• Participan en conversaciones espontáneas.
• Muestran un uso del lenguaje adecuado para su edad.
Esta diferencia entre contextos resulta ser uno de los indicadores más característicos del mutismo selectivo.
Estadísticas de diagnóstico
Generalmente, el mutismo selectivo comienza entre los 2 y los 5 años, siendo considerado como un trastorno “relativamente raro” y por ello no está incluido dentro de lo trastornos infantiles habituales, ya que se estima que afecta a aproximadamente el 1% de la población infantil, con tasas que varían de un 0.1% a un 2.2%, dependiendo de la muestra y de los criterios diagnósticos utilizados (Dereck et al., 2018).
Aunque se ha descrito una proporción similar entre géneros, la mayoría de las investigaciones sugieren que el MS es más frecuente en las niñas con una proporción niñas/niños de 1.5:1 a 2.6:1 (Bergman et al, 2002; Hua & Mejor, 2016). La prevalencia anteriormente citada depende de la muestra (clínica, escolar o comunitaria) y de las edades que se tengan en cuenta.
¿En qué momento se pueden observar mejoras?
En algunos casos, el mutismo selectivo suele persistir pudiendo llegar a la edad adulta, afortunadamente, el pronóstico de este trastorno es bueno, la mayor parte del mutismo selectivo desaparece de forma gradual o abrupta en la adolescencia o primera juventud, observándose cambios desde la niñez en la disminución de algunos síntomas cuando se tiene un tratamiento adecuado para cada caso. Asimismo, se establece una relación clara entre la detección precoz del trastorno y su pronto tratamiento, dando buenos resultados y una remisión más favorable, especialmente, en niños/as pequeños/as.
Como el mutismo selectivo se caracteriza por tener un progreso gradual, suelen darse ciertas etapas en el trabajo con ellos que no son rígidas ni lineales, pero permiten comprender en cierta medida la evolución dentro del proceso terapéutico y de trabajo.
En una primera instancia, los avances suelen estar relacionados con el disminuir la ansiedad, aumentando la sensación de seguridad en contextos donde se les dificulta hablar. Suelen ser cambios más sutiles, pero igual de importantes, como mayor contacto visual, proximidad física, participación en actividades compartidas y el uso de comunicación no verbal (gestos, expresiones faciales o señalamientos).
Posteriormente, si esto es efectivo, el niño/a comienza a incorporar formas iniciales de comunicación verbal, es decir, susurros, expresiones verbales simples (si, no, no sé, entre otras), pero en condiciones de alta seguridad para él/ella. Mas adelante, existe la posibilidad de observar una expansión progresiva del lenguaje verbal, tanto en la frecuencia como en la variedad de contextos, llegando finalmente, a alcanzar una mayor consolidación y generalización del lenguaje permitiéndole comunicarse de forma más espontánea y funcional.
Es importante aclarar que, el paso por estas etapas depende de múltiples factores, entre ellos el nivel de ansiedad, el inicio temprano de tratamiento y el apoyo entregado por la familia y el entorno educativo.
Importancia de la atención temprana
Tal como se ha ido mencionando, existe una directa relación en los avances dentro del mutismo selectivo y la atención temprana, esto porque, tiene un impacto directo a nivel emocional, social y comunicativo donde, cuanta más demora exista entre los primeros síntomas y el tratamiento, más complejo se volverá el caso y no siempre se logrará la remisión.
Gracias a los tratamientos se logra reducir el elevado nivel de estrés y ansiedad, lo cual se encuentra a la base del mutismo selectivo y el tener que enfrentarse a situaciones y personas con las que no pueden hablar. Asimismo, la intervención permite aumentar el número de situaciones y personas en las cuales en niño/a puede llegar a tener diálogos con otro.
Por lo tanto, a nivel general, la intervención temprana permite:
• Prevenir la cronificación del cuadro.
• Reducir el impacto en el desarrollo socioemocional.
• Favorecer progresivamente la aparición del lenguaje en distintos contextos.
¿Qué podemos esperar del proceso?
El trabajo en sesión con la psicóloga se lleva a cabo de manera gradual y distribuido en etapas de trabajo, por lo mismo, se espera que existan avances a corto, mediano y largo plazo.
En primera instancia, las sesiones se enfocan en la regulación de la ansiedad, más que en la “exigencia” directa del habla, se espera que Juan Pedro pueda adaptarse al cambio de terapeuta y la reconozca a ella y el entorno como un espacio seguro y de confianza.
De este modo, se forma el vínculo y se comienzan a trabajar temáticas más directas a su diagnóstico. Para ello, se utiliza principalmente el juego como medio de intervención, donde, las actividades lúdicas, el juego simbólico y las actividades no demandantes dan el espacio para la interacción social.
Gracias a lo anterior, se observó una mayor presencia de comunicación no verbal, como gestos, contacto visual y uso de objetos para interactuar por parte de Juan Pedro.
Asimismo, se espera que, en el transcurso de las sesiones, adquiera mayor seguridad para que exista una exposición gradual a situaciones que pudiesen ser más o menos incómodas para él al momento de hablar, esto siempre desde el trabajo previo en terapia para disminuir posibles ansiógenos y encontrarse más preparado para enfrentarse a ese tipo de contextos.
Es importante tener en consideración que el proceso de trabajo no es línea, es decir, puede presentar avances y retrocesos, lo cual es esperable en intervenciones donde existen ansiógenos o miedos para desenvolverse. No obstante, con una intervención consistente, coordinada con la familia y el entorno educativo, es posible observar progresos significativos tanto en la comunicación como en la seguridad emocional.
Estrategias concretas
Dentro de las sesiones de terapia, se utilizó inicialmente diversos juegos (bloques, engranajes, construcción) como intervención, los cuales eran escogidos por Juan Pedro y se realizaban incorporando a la psicóloga. Esto se aplicó con el objetivo de establecer vínculo, adquirir mayor confianza en el entorno y en sus propias capacidades de elección frente a otros. Hasta la fecha, se incorporó esta dinámica de trabajo, permitiendo a la psicóloga evaluar el juego simbólico, donde Juan Pedro empieza a incluir personajes e instrumentos en relatos acotados y pudiendo desenvolverse en el espacio de forma más cómoda.
Se espera que, en las próximas sesiones, (dependiendo el grado de ansiedad y nerviosismo), se incorporen estrategias orientadas a la exposición gradual de situaciones comunicativas, esto implicaría diseñar una jerarquía de situaciones, desde las menos ansiógenas a las más desafiantes, promoviendo una aproximación progresiva. Para ello, dependiendo la sesión, se pueden utilizar técnicas como:
• “Desvanecimiento de estímulos”, es decir, se introducen gradualmente nuevas personas, contextos o temáticas de forma física o simbólica dentro de la terapia.
• “Moldeamiento”, reforzando aproximaciones sucesivas al habla (por ejemplo, desde sonidos, susurros, hasta palabras).
Además, se incluyen instancias como:
• Juegos compartidos que faciliten la interacción sin demanda verbal directa.
• Actividades estructuradas de turnos (ej: juegos de mesa simples).
• Uso de material visual (láminas, tarjetas, elección de opciones).
• Lectura de cuentos o juego simbólico que permita la expresión indirecta.
• Situaciones de comunicación facilitada (por ejemplo, responder con alternativas o completar frases).
Rol de la familia en la intervención
La familia tiene un rol fundamental dentro de todo este proceso. Son clave en el acompañamiento emocional, sobre todo, porque crean los contextos seguros donde el niño o niña con mutismo selectivo puede comunicarse sin presión, en otras palabras, son los padres y cuidadores quienes, en el día a día, tienen la oportunidad de acompañar y sostener los logros que se van construyendo progresivamente, además de poder compartir con ellos en instancias las cuales son de carácter privado y que solo se dan en la confianza del propio ambiente familiar.
Por lo mismo, a través de una actitud respetuosa, paciente y libre de presiones (no insistir reiteradamente en que el niño/a hable), el foco debiese estar dirigido a comprender cuales pudiesen ser los factores que generan ansiedad, “ajustando” en lo posible sus expectativas al ritmo del niño, siendo cada pequeño logro un paso importante en el proceso.
Bibliografía
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